#ViajeHype: Ushuaia. Los Cauquenes, festejos y alegría por el 10º aniversario

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Desde mi suite se escucha el oleaje en la Bahía Los Cauquenes. Frente a mi, el canal de Baeagle, y más allá, se ven los picos nevados de las montañas en las ilslas de Navarino y Picton, ya en territorio chileno. En ese espacio único que llaman el Fin del Mundo, en Ushuaia, la ciudad más austral del país, se encuentra el Hotel Los Cauquenes, parte de Small Luxury Hotels of The World, y hasta aquí vine para celebrar su décimo aniversario. Una simple invitación que llegó al mail, como un mensaje más. A partir de ahí, surge un mundo nuevo: un lugar en el mundo, gente amiga y un grupo de bloggers de gastronomía y turismo que no conocía. El “sí” fue fácil.

Primer día en el Fin del Mundo:

Un vuelo de madrugada por Lan Argentina nos trajo hasta Ushuaia para pasar el día completo (llega a las 8:30 aproximadamente). Nos recibió Karina Cattelani, Gerente General del hotel desde sus inicios, quien nos contó un poco de nuestra agenda de actividades. “La idea es que la gente venga y tenga algo para contar cuando vuelve de ese viaje”, contó, y desde entonces crearon una agencia interna para ofrecerle experiencias exclusivas a sus clientes, de grupos reducidos y con propuestas diferenciales. Una día que aprovechamos a full para un adelanto de la gastronomía fueguina con un menú especializado en Reinamora, el restaurante del Hotel. El plato que elegí fue el salmón en croute de almendras con emulsión de coliflor, verduras grilladas y crocantes de queso. Pero fue el postre hizo la diferencia (y el que desató la lluvia de likes en Instagram): húmedo de chocolate con helado de calafate (dicen que quien come calafate vuelve a Patagonia), crocante de XX y XX.

Después de unas horas de descanso, fuimos al festejo íntimo en el que el hotel se enorgullecía, junto a sus socios, un grupo de amigos del secundario y de la vida, por 10 años de éxito y trabajo duro. La recepción tomó casi todo el hotel, incluido el bellísimo jardín de invierno (un espacio íntegramente vidriado, ganado a la terraza, que es uno de los lugares que mejor identifican el espíritu de hotel, metido en la naturaleza pero sin invadirla). Fue una fiesta para la ciudad completa, con mucha gente y mucha historia, con un espíritu de nobleza que pocas veces se ve tan claramente en un proyecto. Todos los clientes, huéspedes, proveedores, y dueños (además del team de periodistas y blogueros que viajamos especialmente) brindamos con vinos patagónicos y bailamos hasta tarde en el salón central.

Segundo día, en agua y tierra:

Al día siguiente, teníamos un programa lleno de actividades que arrancó con una excursión combinada (solo se puede contratar a través del Hotel) que no es frecuente encontrar en el resto de los proveedores turísticos: visitar la bahía La Pataia y caminar el bosque, por tierra, pero regresar por barco. Lo hicimos a bordo del Akawaia, un pequeño barco para apenas 20 pasajeros, a disposición de los huéspedes del hotel. Una navegación íntima que nos permitió acercarnos aún más a la colonia de cormoranes, al faro Les Eclaireurs (la postal clásica de la ciudad y a las islas que se encuentran frente a Ushuaia, en el canal de Beagle.Allí mismo almorzamos.

De regreso nos esperaba una visita al presidio, una gran parte de la historia de la ciudad, ya que los primeros habitantes (y responsables de desarrollar las instalaciones que hicieran posible la vida en Ushuaia) fueron los presos, en un proceso denominado Colonización penal. Recorrimos sus pabellones estructurados bajo la arquitectura clásica del panóptico.

Algunas compras regionales cerraron este día agitado, intenso, lleno de experiencias nuevas y buenos recuerdos. El cierre fue nuevamente en Reinamora. Trajeron la carta y como era imposible elegir, con Aninko Villalba, blogger especializada en turismo, compartimos dos entradas y probamos los dos entradas que más nos llamaron la atención: un pulpo de roca del canal Beagle con papas confit y panceta crocante, y un clásico de la ciudad: centolla fresca al natural con hierbas frescas y salsa especial Golf. Como plato principal, elegí un ragoût de gigot de cordero fueguino al Malbec. Y pronto a dormir en una cama gigante y repleta de almohadas, como me gusta.

Tercer día, el regreso:

Por la mañana, decidí bajar a la playa a caminar un rato. Ya era momento de regresar a casa: el vuelo de Lan fue perfecto con los horarios para estar en Aeroparque por la tarde y empezar el fin de semana en casa.

Me llevo una experiencia diferente en un lugar único, vínculos nuevos y muchas ganas de volver (comí calafate). Nos vemos en el próximo #ViajeHype en mi cuenta de Instagram

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